Wednesday, May 28, 2008

MIRÁNDOLOS A ELLOS. ACTITUDES MEXICANAS FRENTE A ESTADOS UNIDOS

Demasiado interesante éste artículo que aparece en LETRAS LIBRES. Trata con actitudes de los Mexicanos hacia los EE.UU. a través de los años escrito por Enrique Krauze. Incluyo una sección del artículo. Mucho muy interesante. Vale la pena leer el artículo entero.

-Dra. Valenzuela




Pensar en ellos

Conviene detenerse en cada término de la frase. Se trata, ante todo, de “pensar”. Pensar, actividad difícil en días de emotividad desbordada. Lo que está en juego –entre muchas otras cosas– no es un problema de interés académico, sino la suerte de veinticuatro millones de mexicanos que viven “del otro lado” (nueve de ellos nacidos en México) y de cinco millones de hogares que dependen de sus millonarias remesas. En la casi totalidad de los 2,443 municipios que integran México, hay registro de personas que han emigrado. Una de cada tres personas oriundas de Zacatecas y una de cada seis de Jalisco viven ya en Estados Unidos. Se trata, en suma, de una de las olas migratorias más impresionantes de la historia. En el ámbito económico, son conocidas las cifras básicas de nuestra vinculación (el noventa por ciento del comercio, el noventa por ciento del turismo, el setenta por ciento de la inversión extranjera provienen de allá), pero en México se pasa muy rápido sobre esos números, olvidando que representan, de nueva cuenta, la actividad de millones de personas cuyas vidas dependen de que esa relación se consolide y crezca, y se vuelva cordial y fluida, fácil. O algo cercano a eso.

Se habla de “relación”, pero siempre debería hablarse de “relaciones”, porque entre los dos países existe un complejísimo entramado en cuyo análisis hay que hilar fino. Las relaciones políticas y diplomáticas son unas, las económicas y empresariales otras, las sociales o demográficas, otras más. Y cada rubro, como es obvio, admite multitud de subdivisiones. El mayor de los equívocos ocurre al amalgamar Estados Unidos con el gobierno en turno: Bush es hoy lo que ayer fueron Reagan o Nixon, y todos son supuestamente una diabólica “encarnación” hegeliana llamada “Estados Unidos”, más coloquialmente “los gringos”. Esto no es sólo una simplificación burda, sino una falsedad. El mexicano proyecta en ellos la concepción interiorizada de nuestro antiguo sistema político, el reino en el que todo lo humano y lo divino comenzaba y terminaba en el escritorio del Señor Presidente. México, entonces y ahora, era mucho más que una mera biografía del poder, pero quedó la mala costumbre de trasladar esa supeditación colectiva a la perspectiva internacional, con resultados desastrosos, porque en Estados Unidos las cosas no funcionan así. Estados Unidos –como debería ser obvio– no es una entelequia histórica ni un agregado homogéneo: es una democracia. Hace más de dos siglos que lo es.

Pero también es un imperio. “Perplejos ante su doble naturaleza histórica –escribió Octavio Paz en su libro Tiempo nublado–, hoy no saben qué camino tomar. La disyuntiva es mortal: si escogen el destino imperial, perderán su razón de ser como nación. Pero ¿cómo renunciar al poder sin ser inmediatamente destruidos por su rival, el imperio ruso?” Paz escribía estas líneas en 1984, sin sospechar que al cabo de muy pocos años la URSS resolvería por sí sola el dilema, con la más inesperada implosión de los tiempos modernos. Pero a esa sorpresa histórica siguió otra, quizá mayor: el retorno militante del islam. Con la guerra de Iraq, Estados Unidos parece haber resuelto aquella disyuntiva señalada por Paz mediante la elección de un destino imperial en el Medio Oriente que bien podría llevarlo a “perder su razón de ser como nación”. Por otro lado, los mismos argumentos sobre el imperio rival son aplicables, al menos potencialmente, al fundamentalismo islámico, implacable e inédito poder internacional cuyas diferencias con Estados Unidos (y con Occidente todo) no son sólo geopolíticas o ideológicas sino religiosas y, por ello mismo, quizá irreconciliables. Y para complicar aún más el horizonte, para tornarlo aún más incierto, la historia ha deparado una novedad adicional: el ascenso moderno del antiquísimo dragón chino. ¿Fracasará finalmente Estados Unidos en su propósito de democratizar por la fuerza el Medio Oriente? ¿Cuál será, a la postre, la actitud de Estados Unidos si China continúa su irresistible avance comercial y eventualmente lo traduce en un poderío militar avasallador?

No comments: