Tuesday, May 6, 2008

América del Norte

América del Norte
Rafael Fernández de Castro
24-Abr-2008

En pleno siglo XXI y no obstante que el comercio con EU ha sido el motor de los limitados logros económicos de los últimos 15 años, seguimos recurriendo a nacionalismos que fueron funcionales en los siglos XIX y XX.

A juzgar por los resultados de la reciente cumbre de los líderes de Norteamérica en Nueva Orleáns, la idea de los forjadores del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, de crear una comunidad económica en esa región, empieza a desvanecerse, a convertirse en sólo una nota histórica de un concepto revolucionario y audaz, que mucho hubiese contribuido a la prosperidad de las pueblos mexicano, estadunidense y canadiense.

En Nueva Orleáns, los líderes de América del Norte se comprometieron a seguir defendiendo el TLCAN. A resolver sus cuellos de botella como la situación del transporte mexicano, en donde no acaba de cumplirse a la letra el tratado. O bien, a una tímida homogeneización de los estándares industriales.

En Nueva Orleáns se dieron dos tipos de reuniones: las bilaterales y las trilaterales. Por una parte, el presidente mexicano, con sus homólogos de Estados Unidos y Canadá. Y, por otra, se dieron cuatro trilaterales: una cena, un desayuno, dos ocasiones sociales y dos reuniones de trabajo, una con empresarios y la última con secretarios de Estado, los encargados de la seguridad y del comercio.

La reunión bilateral de Estados Unidos y Canadá mantuvo un tono de socios estratégicos. Bush le agradeció a su homólogo Harper la decisión de mantener las tropas en Afganistán y de ayudar a que otros aliados, como Francia, sigan metiéndole el hombro a la invasión estadunidense. En la reunión con México no hubo acuerdo ni siquiera sobre un plan elemental y barato —la Iniciativa Mérida—, que estará empezando a debatirse en el Capitolio. Siguen coexistiendo en América del Norte dos relaciones bilaterales intensas —Estados Unidos-Canadá y Estados Unidos-México—, una bilateral lejana —México-Canadá— y una incipiente relación trilateral.

Hay cuatro razones que me inclinan a considerar que la comunidad económica de América del Norte está evaporándose y quedará en los anaqueles de la historia. Sin embargo, una decisión de Nueva Orleáns con miras a transformar el actual mecanismo, Asociación para la Prosperidad y Seguridad de América del Norte (ASPAN), y convertirlo en una cumbre anual de líderes de esa región, con el fin de realizarse en México en 2009, me permite mantener una pequeña esperanza.

No hay instituciones que puedan servir de motores para impulsar la integración. Los negociadores del Tratado fueron optimistas o ingenuos al no crear instituciones que pudieran impulsar estadios de mayor integración. Los mexicanos admitieron la premisa de los negociadores estadunidenses —el TLCAN debería ser un mecanismo de mercado y no crear burocracias innecesarias—. Lo único que se crearon fueron 22 grupos de trabajo y una comisión de libre comercio. Los grupos prácticamente nunca funcionaron y la comisión no es sino una reunión anual de ministros de Comercio. Y, claro, éstos no tienen el empuje que requieren los gobiernos federales de los tres países.

Estados Unidos se ha tornado hacia adentro y esta transformándose en un imperio desconfiado. Dos enormes nubarrones amenazan su salud social y desde luego su relación con el vecino del sur: proteccionismo comercial y sentimientos antiinmigratorios y racistas hacia los mexicanos. Este Estados Unidos en donde el miedo se ha vuelto la mejor arma electoral —la utilizó con precisión Bush en 2004 y 2006 y ahora lo hace la candidata demócrata, Hillary Clinton— es muy distinto del país optimista que negoció con sus dos vecinos el TLCAN.

Canadá ha preferido mantener una relación especial con Estados Unidos y no arriesgar a trilateralizar los temas. Los canadienses tienen claro que su prosperidad depende de mantener sus flujos comerciales y de inversión con su vecino del sur. Pero esa convicción a menudo se torna en paranoia. ¿Para qué pensar en un perímetro de seguridad norteamericano? ¿Para qué pensar en una verdadera homogeneización industrial norteamericana? Ottawa actúa bajo el esquema de dos velocidades en las relaciones de América del Norte: acelera con su vecino del sur y mete el freno en la relación con México y en las iniciativas trilaterales.

México se encuentra a la deriva. No hay un consenso entre nuestras élites políticas, económicas e intelectuales de qué tipo de relación queremos con nuestros vecinos. En pleno siglo XXI y no obstante que el comercio con EU ha sido el motor de los limitados logros económicos de los últimos 15 años, seguimos recurriendo a nacionalismos que fueron funcionales en los siglos XIX y XX, pero son una vergüenza en el XXI. No hay sentido de urgencia en buena parte de nuestra clase política. Mientras China sigue avanzando como locomotora, buena parte de nuestra clase política no piensa más que en mantener sus prebendas. Como los perredistas o los de Nueva Alianza que se aferran a los dadivosos subsidios partidistas.

Calderón, Bush y Harper abrieron una ventana de oportunidad al pronunciarse por realizar la reunión, ya no de ASPAN, sino una cumbre de América del Norte, en 2009. El gobierno de Calderón tiene un año para tener lista una propuesta que no pueda rechazar el nuevo inquilino de la Casa Blanca. Una propuesta osada e inteligente como en su momento fue el TLCAN. Más allá de la propuesta, Calderón tiene un año para poner la casa en orden, mostrar que la economía mexicana sigue siendo atractiva y despertar con hechos el interés de estadunidenses y canadienses en acercarse a México y profundizar la asociación económica.

rfcastro@itam.mx

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