Friday, February 1, 2008

Maíz y dinero

1/FEBRERO/2008
JAQUE MATE
Maíz y dinero / SERGIO SARMIENTO / am.com.mx

Los grupos de activistas políticos que paralizaron ayer el Centro del Distrito Federal, afirman que en México hubo un tiempo idílico en que el campo funcionaba bien y los campesinos vivían con abundancia y tranquilidad. Después llegaron los neoliberales y lo echaron todo a perder, al negociar y poner en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Desde entonces, la producción se ha desplomado y los campesinos, empujados a la miseria, han tenido que emigrar a Estados Unidos.

Las cifras, sin embargo, nos cuentan una historia distinta. La producción de maíz de nuestro País no sólo no ha disminuido sino que ha aumentado desde los tiempos del México proteccionista.

En 1970, el año en que el priísta Gustavo Díaz Ordaz le colocó la banda presidencial a su correligionario Luis Echeverría, México registró una cosecha de maíz de 8.9 millones de toneladas con una superficie cultivada de 7.44 millones de hectáreas. En 2006, cuando el panista Vicente Fox le entregó la Presidencia al también panista Felipe Calderón, la superficie cultivada se había mantenido virtualmente igual, con 7.46 millones de hectáreas, sólo que la cosecha se elevó a 21 millones de toneladas. Como vemos, no sólo se ha elevado la producción sino también la productividad.

Las estadísticas pueden ser engañosas si se escogen años atípicos, pero ni 1970 ni 2006 lo fueron. Entre 1970 y 1976, de hecho, la producción promedio anual fue de 9 millones de toneladas. Entre 2001 y 2006, se ha obtenido en cambio una producción promedio de 20 millones.

La nostalgia que los grupos políticos que organizaron las manifestaciones de ayer quieren generar sobre los tiempos previos al TLCAN no es más que una trampa que busca aprovechar la ignorancia generalizada sobre el tema. En esos años idílicos del mercado protegido no sólo la producción total sino la productividad por hectárea eran la mitad que hoy.

Sí, es verdad, que hoy importamos mucho más maíz. En la década de 1970 comprábamos al exterior un máximo de dos millones de toneladas al año. En los primeros años de este Siglo XXI hemos importado entre seis y ocho millones de toneladas anuales. Pero virtualmente todo el maíz que importa México es amarillo, el cual no sólo no se produce en el País en cantidades suficientes sino que se emplea para forraje y para producir alta fructosa y no para alimento humano.

Las importaciones de maíz amarillo, junto con las de sorgo y soya, han permitido un florecimiento importante de la producción pecuaria. México es hoy el cuarto productor de huevo y pollo del mundo así como el sexto de puerco. Lo anterior sólo ha sido posible por la disponibilidad de maíz amarillo para la alimentación de estos animales.

En los años 80, México tenía una producción pecuaria promedio de 4.5 millones de toneladas anuales. En 2006, después de un largo periodo de crecimiento que ha coincidido con la aplicación del Tratado de Libre Comercio, la producción rebasó los 7.5 millones de toneladas. Si se cerrara el mercado a la importación de maíz amarillo, esta cifra se desplomaría y tendríamos que importar carne y huevo más caros que el maíz.

Es verdad que el TLCAN no ha rescatado al campo mexicano de la pobreza. Pero es absurdo pensar que un acuerdo comercial que no cambia los problemas fundamentales del campo, especialmente la fragmentación de la tierra en ejidos, hubiera podido resolver por sí solo el problema de la pobreza en el campo.

No creo que los líderes políticos que organizaron las manifestaciones de ayer desconozcan esta información. Habrá que preguntarse, por lo tanto, qué buscan realmente. ¿Abolir el TLCAN por razones ideológicas? Quizá. Estos líderes se oponen al libre comercio por principio, aunque también porque afecta a sus intereses corporativos y personales. Sus grupos han prosperado en el sistema corporativista mexicano porque han manejado el reparto de los subsidios del Gobierno y los mecanismos de control político de los campesinos. El libre comercio es un peligro para ellos, porque necesitan los controles gubernamentales para sobrevivir.

La otra razón es abiertamente de dinero. El Gobierno mexicano está repartiendo cada vez más recursos al campo. En este 2008 distribuirá una cifra sin precedentes de más de 200 mil millones de pesos. Los subsidios agropecuarios en México, de hecho, son mayores que en Estados Unidos si se comparan con el valor de la producción.

El Gobierno, sin embargo, ha anunciado nuevas “reglas de operación” para el reparto de este dinero. La idea es beneficiar directamente a los campesinos sin pasar por las organizaciones políticas que han manejado tradicionalmente el dinero. Con esta medida los grupos políticos ven amenazada su existencia.

No sorprende, pues, que estas organizaciones corporativistas hayan invertido tanto dinero y esfuerzo en sus movilizaciones. Su propia supervivencia está en juego.

CHARRO NEGRO

Germán Dehesa es uno de esos personajes indispensables en la lectura cotidiana de los diarios. Su sentido del humor y sus reflexiones de fondo sobre la vida de nuestro País, forman una combinación irresistible. Es un orgullo que los jurados del Premio de Periodismo Rey de España, lo hayan seleccionado para recibir el Premio Don Quijote. Espero solamente que lo citen para recibir el reconocimiento en un día soleado y calentito. Germán, deben saber los organizadores, pesca una neumonía cada vez que se descuida. Pero los lectores mexicanos exigiremos que nos lo regresen tal y como lo entregamos.

sergiosarmiento@todito.com

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