Wednesday, February 20, 2008

A la segura con la H-2B

Jorge Morales Almada / 19 de febrero de 2008
La Opinión


En el estado mexicano de Veracruz hay un pueblo llamado Tlapacoyan, donde es muy común que muchos de sus habitantes emigren al norte para trabajar.

Lo que hace diferente a esta comunidad del resto de las regiones de México que expulsan a sus trabajadores, es que ahí lo hacen de manera legal, con visas temporales de empleo. Ellos no tienen que andar jugándosela con el cruce en la frontera. Van a la segura. Con su pasaporte y el visado de la H-2B, un permiso que otorga el Departamento del Trabajo (DOL) a las compañías que requieren emplear de manera temporal a su personal en áreas ajenas a la agricultura.

La compañía estadounidense debe probar que tiene la intención de emplear al trabajador extranjero sólo por cierto período y que tiene necesidad de esa mano de obra especializada. El DOL certifica los requisitos y luego el Departamento de Seguridad Interna (DHS) otorga la visa de no-inmigrante para trabajar en la compañía y lugar determinado.

Uno de sus aproximadamente 55 mil habitantes que tiene Tlapacoyan es Gemalí Romero, un joven de 19 años de edad a quien su tío recomendó con el reclutador del pueblo: don Víctor Apolinar, quien a su vez contacta a los trabajadores huéspedes con una agencia estadounidense encargada del papeleo.

El año pasado llegó a California para trabajar como encargado de juegos en una feria de la compañía Helm and Sons, en Colton.

"Vine por el dinero, porque allá es poco el dinero que se consigue", dice Gemalí.

Aquí gana 300 dólares a la semana, libres, mientras que allá hacía 700 pesos [65 dólares] en una empacadora de cítricos.

"Una vez mi tío regresó allá a Tlapacoyan y me dijo que me iba a recomendar, así es como funciona esto, por recomendaciones, hay que decir que eres una buena persona y chambeadora", comenta el muchacho.

De lo que gana, 200 le envía a su mamá y él se queda con 100 para la comida y lo que se ofrezca.

"Mi mamá ahorra ese dinero, es para comprar un terreno y hacer una casa, porque la casa donde viven ahorita mis papás nos la prestan".

Luego de una buena temporada el año pasado, Gemalí regresó a finales del mes pasado para trabajar con la misma empresa, ahora como armador de los juegos mecánicos. Para noviembre tendrá que regresar a Tlapacoyan, pero es un trabajo que considera satisfactorio.

"Le neta, me vine por dinero y pues, para probar, para ver qué tal está el trabajo, para salir pues, para no estar ahí en el pueblo toda mi vida, sino para salir a buscar".

jorge.morales@laopinion.com

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